Las PASO de hoy harán lo que ninguna de las 37 empresas de sondeos de opinión registradas en la Cámara Electoral Nacional puede realizar con una precisión del 100% y, sobre todo, sin un margen de error: revelar realmente cuál es la preferencia política del electorado argentino. Es que estas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias funcionarán como un sondeo a cielo abierto, tal como ocurrió en 2011, cuyos números prácticamente se replicaron en las generales de octubre de ese año. Sin embargo, en teoría, parece sumamente difícil que la experiencia electoral de ese año se repita en este 2015.

El universo dominguero del “muestreo” no estará acotado a 500, 1.000 o 2.000 personas, sino que abarcará a los 32 millones de electores en condiciones que votar que figuran en los padrones. Tampoco estarán las impertinentes consultas telefónicas. No será una encuesta fallida, como sucedió últimamente. Cada ciudadano validará su opinión en las urnas. Pasadas las 24, los números provisorios mostrarán con qué porcentaje efectivo de adhesiones contaron los políticos que se sometieron a la voluntad del soberano. Nada de boca de urnas o sondeos con errores de un 4% o un 8%, en más o en menos. Exactitud democrática.

En la práctica, estos comicios servirán únicamente para determinar a los candidatos que finalmente competirán en los comicios nacionales del 23 de octubre, que serán aquellos que superen la barrera del 1,5% del total de sufragios emitidos. No se elegirá presidente ni senadores, sino candidatos. Es una obviedad decirlo, pero aún hay gente desorientada.

Sin embargo, en función de los valores que difundieron en las últimas semanas algunas consultoras -en los que ninguno de los presidenciales se acerca al milagroso 40% de las simpatías-, se pueden ir anticipando las posibles reflexiones que surgirán esta noche desde la dirigencia, tanto nacional como provincial. En ese marco es que se sugerirán proyecciones y habrá lecturas políticas interesadas sobre los resultados y su posible incidencia en octubre. Serán inevitables.

Lo que se quiso decir ...

Cada uno mirará su propia conveniencia a la hora de interpretar este verdadero sondeo popular abierto y obligatorio. Atención a las entrelíneas de las explicaciones y reflexiones sobre lo que quiso decir el ciudadano, y a no olvidar los casos de Santa Fe y de la Ciudad de Buenos Aires. Los macristas santafesinos ganaron las PASO y sucumbieron antes los socialistas en la final; mientras que los del PRO capitalino sudaron en las generales cuando habían sacado una gran diferencia en las primarias.

En el fondo, las cifras dirán cuánto, cómo y dónde tendrán que poner más énfasis proselitista en la campaña electoral los que aspiren a llegar a la Casa Rosada ya que, de buenas a primeras, nadie parece que se escapará en la votación como para que el espejo personal le devuelva la imagen con la banda y el bastón presidencial en la mano. Los números desnudarán sus debilidades y fortalezas. Aquellos que las interpreten correctamente y no se engañen -ni traten de engañar al electorado- son los que mejor partido le podrán sacar.

Además, para los análisis, será clave la diferencia entre el segundo y el tercero con vistas a un eventual balotaje. Ese valor dirá mucho sobre quiénes serán los que estarán en condiciones de pelear en la segunda vuelta -como uno y dos-, o bien si la contienda por el segundo puesto estará disputado en las generales.

En los papeles, según los números que se han difundido, estas PASO nacionales se presentan muy distintas a las de 2011. En aquella oportunidad, Cristina Fernández (FpV) obtuvo un 50% de adhesiones, Alfonsín (Unión por el Desarrollo Social) un 12%, Binner (FAP) un 10%, Rodríguez Saá (Compromiso Federal) un 8% y Carrió (CC) un 3%. Luego, en las generales, la Presidenta aumentó su caudal hasta un 54%, mientras que Alfonsín sacó un 11%, Binner un 16%, Rodríguez Saá un 7% y Carrió un 1%.

En esa ocasión las primarias funcionaron como un verdadero sondeo de opinión y anticiparon prácticamente, por la contundencia de la diferencia porcentual en adhesiones, la reelección de Cristina. Hoy los principales referentes apuestan a los milagros: Scioli quiere arrimarse al 40%, Macri apunta a ganar la interna de Cambiemos y arañar un 30%, y Massa trata de superar a De la Sota y obtener un número de simpatías que le permita soñar -con alguna esperanza- aspirar al segundo puesto para el balotaje.

En suma, estas PASO señalarán dónde está parado cada candidato. Claro -como se dijo-, habrá hilos finos e interesados de interpretación. Como por ejemplo: el oficialismo dirá que es la primera minoría en el país y que eso lo convierte en la principal fuerza política -ya ocurrió en 2013-, y desde la oposición se apuntará que siete de cada 10 argentinos rechazó el modelo “K” -como ocurrió hace dos años-. Cada lado agitará sus anhelos y tratará de sembrar miedos electorales.

Y habrá celebraciones en todos los bandos porque, curiosamente, en este tipo de internas abiertas, nadie pierde, todos ganan. Algunos (cuatro de 13 fórmulas presidenciales) quedarán afuera, pero siempre existirán razones para el brindis y para los bailes. Se verán, con sus respectivas excusas y argumentos: unos porque son los más votados, otros porque son la segunda fuerza, otros porque están cerca del balotaje, otros porque superaron el piso exigido por ley, otros porque la alianza fue un éxito, otros porque el pueblo les otorgó un guiño de confianza, y hasta porque la democracia funciona a pleno. En fin, para todos y todas, como refiere la Presidenta.

Lo que se querrá decir ...

En Tucumán ocurrirá algo parecido, con la particularidad de que en 14 días más se llevará a cabo la elección provincial; por lo que los números serán analizados con lupa desde una territorialidad acotada a la frontera tucumana. Lo nacional no trascenderá tanto, sólo importará para los análisis por el arrastre de sufragios de los presidenciables para tal o cual candidato al Congreso. En una de esas, producto de algún corte de boleta, Alperovich termine sacando más votos que Scioli. O al revés. Ambas posibilidades merecerán una atención especial, por sus implicancias y derivaciones.

En fin, en función de lo que dirán hoy los números, todos los políticos se preocuparán por buscar indicios, un dato perdido que le pueda anticipar “alguito”, aunque mínimo, sobre lo que puede llegar a suceder el 23 de agosto. El canto de las urnas sonará como fina melodía para algunos o como una guitarra de dos cuerdas para otros. Pese al sonido, los números se observarán a la luz de las conveniencias locales.

Algunos para decir que se plebiscitó la gestión de Alperovich -ya que es el primer candidato a senador nacional-, si es que la diferencia en sufragios es importante y si repite o se aproxima a los resultados de elecciones anteriores, e igualmente para deslizar que se dio el primer paso a la victoria del 23. La apuesta oficialista es al triunfalismo. Triunfalizar el resultado; se podría decir, faltándole el respeto a la Real Academia Española. La foto buscada será la del mandatario levantando los brazos junto a los integrantes de la dupla del Frente para la Victoria para la gobernación.

Para que eso ocurra la victoria debe ser contundente en las urnas, no tanto de Scioli sobre Macri y Massa, sino la del gobernador sobre Elías de Pérez; cuyo apellido como candidata a senadora aparece adosada a la boleta de cinco presidenciales (Macri, Sanz, Carrió, Massa y Stolbizer). Recíprocamente, una diferencia exigua -o una eventual victoria opositora en las papeletas de senador- permitirá a la oposición usar las mismas frases para alentar su triunfalismo de la dupla Cano-Amaya para las provinciales. Triunfalizar será también el concepto y la palabra de la oposición.

En estas PASO, a nivel local, con los resultados puestos, se apostará a que haya ganadores y perdedores; a mostrarle al electorado tucumano que hay verdaderos derrotados, y que son los adversarios. Y que no hay que votarlos el 23. En suma, el oficialismo no festejará un eventual victoria de Scioli sino la performance de Alperovich; y la oposición -en el caso de que la suma de sus votos superen a los del Gobierno- dirá que Tucumán le dio la espalda a la gestión alperovichista y que eso se verificará en dos semanas más. Habrá lecturas, interpretaciones, reflexiones y excusas para todos los gustos. Prepárese a oírlas.

Sólo una distancia contundente en votos puede obligar a mirar lo que pasó con las PASO de 2011, donde casi se repitieron los porcentajes favorables para Cristina en las generales. ¿Cuál sería una cifra contundente como para que el Gobierno quede tranquilo? De una, llegar a los 500.000 votos. ¿Es posible? Para tratar de responder hay que observar los resultados de los dos últimos comicios (2011 y 2013). En la votación de gobernador de 2011, Alperovich obtuvo 550.000 sufragios (70%), mientras que Cristina consiguió 526.000 (65%) y los candidatos a diputados nacionales consiguieron 519.000 en las PASO y 462.000 en las generales. Menos sufragios.

En las PASO de 2013, el FpV consiguió 391.000 votos y la Acción Cívica y Social 230.000; pero en las generales los números cambiaron: FpV 411.000 y ACyS 304.000. Ambas fuerzas aumentaron, pero más porcentualmente la oposición. El oficialismo, en función de las cifras anteriores redujo su caudal. En ambos casos, la diferencia fue de más de 100.000 boletas. Obtener una diferencia similar, eso sería contundente. Con más, el alperovichismo tendría que tirar bombas. Con menos, debería preocuparse.

Definitivamente, los números se interpretarán de la forma en que se quiera para no dar la sensación de derrota, pero seguro influirán en los estados de ánimo; por lo que esta noche habrá que prestarles más atención a los gestos, a las miradas y a los rostros. Porque las imágenes tal vez digan más para el 23 que las lecturas que se puedan hacer a partir del escrutinio provisorio.